Bevacizumab

Bevacizumab, un anticuerpo monoclonal IgG1 que neutraliza el efecto de VEGF-A y tiene un efecto inhibitorio sobre los procesos de neovascularización tumoral.

 

El análisis histopatológico demuestra que el tratamiento con bevacizumab induce una normalización aparente de la estructura vascular, disminuye la densidad de los microvasos y mejora la oxigenación tumoral.

La angiogénesis es un complejo mecanismo de crecimiento tumoral en los tumores cerebrales debido a las interacciones entre las células endoteliales y otras entidades del microambiente del glioblastoma (en particular, las células tumorales y los macrófagos o microglia).

En las áreas hipóxicas del tumor, el VEGF-A está sobreexpresado en las células del glioblastoma y en los macrófagos infiltrantes, resultando en una estimulación microvascular anormal que conduce a la formación de vasos sanguíneos aberrantes y altamente proliferativos, tortuosos, que contribuye aún más a la hipoxia e impide la llegada eficiente de fármacos.

En 2009, la FDA aprobó bevacizumab en monoterapia o combinado con quimioterapia para el tratamiento de segunda línea de GBM recurrente.

 

En cambio, en los pacientes recién diagnosticados de glioblastoma, la adición de bevacizumab al tratamiento convencional no mejoraba la supervivencia y se asoció con un aumento de los efectos secundarios.

 

Cuando se usó bevacizumab como terapia de primera línea, los pacientes experimentaron una mayor frecuencia de síntomas, peor calidad de vida y una disminución de la función neurológica.

 

Teniendo en cuenta estos datos, bevacizumab permanece restringido para los pacientes refractarios. Permite disminuir los corticosteroides y mejora la calidad de vida, aunque los pacientes tienden a recaer durante el tratamiento.

A pesar de que la terapia antiangiogénica no ha logrado detener la progresión del glioblastoma, una estrategia para tratar el glioblastoma recurrente es la continuación de bevacizumab con la adición de un fármaco citotóxico. Esta estrategia utiliza dosis más bajas de terapia antiangiogénica que normalizan la microvasculatura tumoral, mejorando la acción de fármacos y reduciendo la hipoxia. Entre los adyuvantes citotóxicos disponibles, la lomustina puede seguir teniendo un papel en el glioblastoma recurrente.

Teniendo en cuenta todos los datos disponibles, no se puede dejar de lado la importancia de bevacizumab. Pero la falta de una respuesta duradera y la creciente comprensión de los mecanismos que regulan la angiogénesis en el glioblastoma ponen de relieve la necesidad de desarrollar y probar nuevos fármacos antiangiogénicos.

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3/Sep/2019