La alegría de vivir

Actualizado: 25 de ago de 2019

Cualquier cáncer cerebral como el glioblastoma, puede hacernos replantear toda nuestra vida buscando un sentido que de respuesta a nuestras preguntas.


El abandono que experimenta Cristo en la Cruz es una participación voluntaria en la condición del ser humano herido por el pecado.


Cristo se siente abandonado porque experimenta lo más amargo de la injusticia, que consiste en recibir males por bienes.


El silencio del Padre ante esa injusticia produce la sensación de supremo desamparo.


Cristo experimentó el poder del pecado no como dueño de su alma, sino como agente de muerte que riega su veneno por todas partes y termina salpicando a los inocentes y frágiles. Es como el caso del niño maltratado: es inocente, pero experimenta el pecado porque recibe las consecuencias de los pecados de otros.


Como Cristo quedó colmado y triturado por los pecados del mundo, todas las áreas de su ser fueron afectadas por esas consecuencias del pecado del mundo, hasta el punto que todo dentro de él fue lastimado y como fracturado por el pecado. Así como cuando un incendio hace que todo se vuelva fuego, sin importar si se trataba de papel, plástico o madera, así la devastación incendiaria del pecado del mundo hizo que todo se volviera “pecado” en Cristo sin que él sin embargo hubiera cometido pecado alguno.


De nuevo ayuda a comprender esto la imagen del niño, por ejemplo, del abortado: todo su ser ha sido despedazado por la muerte y el pobre bebé ha sido convertido en muerte, sin haber matado a nadie, sino habiendo sido muerto él mismo.


San Juan Bautista dijo que Cristo “quita el pecado del mundo.” Puede decirse que él quitó el pecado del mundo y se lo puso como vestido de irrisión e ignominia.


Estas consideraciones deben llevarnos a tomar con infinita seriedad e infinita gratitud la redención que hemos recibido por pura bondad divina.


Padre Nelson

Página revisada el 19 de Mayo del 2020

Málaga, España (Spain)

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